Biodiversidad y evaluación ambiental: una relación imprescindible
De los inventarios de especies a la comprensión del territorio
En la evaluación ambiental de muchos proyectos, la biodiversidad sigue abordándose como un apartado específico, centrado en la identificación de especies y hábitats. Aunque este enfoque cumple con los requisitos formales, a menudo resulta insuficiente para entender cómo funciona realmente el territorio y cuáles pueden ser los impactos a medio y largo plazo.
La biodiversidad no es solo un conjunto de elementos a proteger, sino una expresión del estado ecológico de un sistema. Incorporarla de forma rigurosa en la evaluación ambiental permite anticipar riesgos, ajustar decisiones y plantear proyectos más coherentes con el entorno en el que se implantan.

Más allá del inventario de especies
Desde una perspectiva ecológica, la biodiversidad incluye no solo especies catalogadas o espacios protegidos, sino también comunidades comunes, procesos naturales y relaciones funcionales que sostienen el equilibrio del territorio. En muchos proyectos, los impactos más relevantes no se producen por la afección directa a una especie concreta, sino por alteraciones en la conectividad ecológica, en la dinámica hidrológica o en la estructura del paisaje.
Estos efectos suelen ser acumulativos y difíciles de detectar cuando el análisis se limita a cumplir con los mínimos normativos. Por ello, una evaluación ambiental que aspire a ser útil debe ir más allá de la descripción y abordar el funcionamiento real de los ecosistemas.
La biodiversidad como indicador del estado del territorio
La experiencia en el análisis ambiental y el trabajo de campo muestran que los cambios en la composición de especies o en la estructura de los hábitats suelen anticipar procesos de degradación que todavía no son evidentes en otros parámetros ambientales. La biodiversidad actúa, en este sentido, como un indicador especialmente sensible del estado de salud de un territorio.
Integrar este enfoque en la evaluación ambiental permite identificar áreas críticas, valorar la capacidad de carga del entorno y ajustar el diseño de los proyectos desde fases tempranas, cuando aún es posible evitar impactos significativos.
En línea con esta visión, en Altácia hemos explorado cómo determinados proyectos pueden combinar desarrollo y conservación. Por ejemplo, en el artículo “Cómo las plantas solares fotovoltaicas ayudan a conservar la biodiversidad” se muestra cómo ciertas infraestructuras energéticas pueden diseñarse para minimizar impactos y, al mismo tiempo, potenciar elementos ecológicos del territorio. Casos como este refuerzan la idea de que integrar la biodiversidad desde las fases iniciales no solo es posible, sino que aporta un valor real al proyecto y al entorno que lo acoge.

Evaluar proyectos desde la lógica ecológica
Una evaluación ambiental rigurosa no debería empezar únicamente por el proyecto, sino por el territorio en el que se implanta. Comprender cómo funcionan los sistemas naturales, cómo se conectan sus elementos y cómo responden a las perturbaciones resulta fundamental para anticipar impactos que, aun siendo legales, pueden comprometer la sostenibilidad a largo plazo.
Cuando la biodiversidad se integra desde el inicio del proceso, la evaluación ambiental gana coherencia y capacidad de anticipación. Las decisiones se apoyan en un conocimiento más sólido del contexto ecológico y las medidas propuestas resultan más realistas y eficaces.
El papel de la consultoría ambiental
Abordar la biodiversidad con rigor implica tiempo, conocimiento ecológico y una lectura territorial que no siempre es sencilla. Sin embargo, también permite aportar un valor real al proyecto, más allá del cumplimiento administrativo.
Desde el Departamento de Proyectos Estratégicos de Altàcia, el análisis de la biodiversidad se entiende como una herramienta clave para mejorar la planificación, reducir riesgos y orientar la toma de decisiones desde las fases iniciales. Integrar criterios ecológicos desde el inicio permite plantear proyectos más coherentes con el territorio y con una mayor viabilidad a largo plazo.
Planificar con la biodiversidad en el centro
La pérdida de biodiversidad no suele ser el resultado de una única actuación, sino de la suma de decisiones mal coordinadas a lo largo del tiempo. La evaluación ambiental tiene la oportunidad de corregir parte de este proceso si incorpora criterios ecológicos desde las fases iniciales de los proyectos.
Integrar la biodiversidad no es una exigencia añadida, sino una forma más rigurosa de entender el territorio y de intervenir en él con mayor responsabilidad. Situarla en el centro de la evaluación ambiental es, en definitiva, una inversión en conocimiento, prevención y sostenibilidad.
